En defensa de los “terribles” mercados

Durante los últimos meses no he parado de escuchar la inmensa necesidad que tenemos de blindarnos ante uno de los seres más malévolos que existen en nuestra sociedad. Tal como os estáis imaginando, estos seres son los mercados. Un mercado, no tiene piedad de nada ni de nadie, no tiene patria ni respeto por ningún país y mucho menos por su deuda soberana. Por tanto, ¡Cuidado! Porque los mercados pueden atacar en cualquier momento.

Esta es la idea que mucha gente te querrá poner dentro de la cabeza, no os debéis dejar engañar. La primera idea que tenemos que ir a buscar no es otra que la siguiente, ¿qué son los mercados? Es decir, ¿a que se refieren todos estos expertos y políticos cuando se refieren a los mercados? Cuando un político hablar de los mercados se refiere a los mercados financieros. Pero vamos por pasos, primero tenemos que saber qué es un mercado y luego ya aplicaremos el concepto de “financiero” a éstos. El mercado eres tú, es tu hermano, lo son tus padres, tus abuelos o tus vecinos. Todos somos los mercados, un mercado no es más que la unión de las intenciones de todos los compradores o demandantes, y todos los vendedores o oferentes. ¡Recordemos la vieja ley de la oferta y la demanda! Por lo tanto un mercado se puede originar cuando encontramos alguien que quiere vender su coche y alguien que quiere comprar uno de segunda mano. Si juntamos todas las personas con las mismas intenciones que acabamos de ver, habremos encontrado el mercado de compraventa de coches de segunda mano.

Una vez determinado que son los mercados debemos saber que quiere decir que sean financieros. En un mercado financiero el bien que se vende y se compra es el capital. Es decir el dinero necesario para realizar una inversión privada o para mantener un cierto nivel de gasto público. Aquí es donde las empresas ofrecen sus obligaciones, las cuales darán cierto interés. Los mercados financieros son el lugar donde los estados emiten su deuda para conseguir financiación, siempre con su correspondiente interés. El proceso es el siguiente: Un estado como España, emite deuda pública por valor de 100 millones de euros. Para que todos puedan comprar estos títulos de deuda se emiten por valores diferentes, desde 2000 hasta 10.000 euros. Una persona cualquiera, interesada en obtener un interés del dinero que ha ido ahorrando, puede comprar deuda emitida por el Reino de España. Cada país emitirá una deuda con un interés determinado en función del riesgo, a más riesgo mayor interés. La gente sabe que es prácticamente imposible que Grecia devuelva su deuda, es decir que es muy arriesgado dejarle dinero. Teniendo en cuenta su fama crediticia este país debe emitir su deuda a un interés muy alto para que alguien esté dispuesto a financiarlo.

Los mercados financieros conocidos simplemente como “los mercados”, no son más que el instrumento que utilizan tanto las empresas privadas como los estados para poder suplir sus necesidades de financiación, donde millones de personas e instituciones demandan y ofrecen el mismo producto, el capital. Desde ciertos movimientos sociales y políticos han culpado a los mercados del actual problema de la deuda. Lo hacen como si un mercado tuviera personalidad propia, como si se moviera a la vez con una misma alma y ocultara siempre unas funestas y oscuras intenciones. Es como si le quisieran echar la culpa a algo que ni siquiera entienden.

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