El abuso del término burbuja

Antes de que estallara la última burbuja productiva (mal llamada inmobiliaria) en España, pocos fuera de la profesión económica hacían uso d la palabra “burbuja”, y actualmente lo podemos oír más de una vez al día sin tener que esforzarnos. Pero para desgracia de lingüistas y economistas este término se usa de forma equívoca para definir un crecimiento rápido de cualquier sector o actividad empresarial o cualquier fenómeno económico teóricamente sobre-dimensionado. Para darnos cuenta de esto lo más fácil es recurrir a ejemplos reales los cuales he podido leer o escuchar:

En un artículo sobre espacios de coworking: “Hay un crecimiento desmesurado de este tipo de establecimientos en España, es una burbuja que tarde o temprano tendrá que estallar”

Leído en twitter: “La burbuja de los communitty manager es insostenible”

Escuchado en el programa 30 minuts de TV3: “Se esta fomentando el turismo y no se está cuidando a los vecinos ni se está pensando en el modelo de ciudad que se quiere, ¿Cuando estalle la burbuja del turismo en Barcelona, que?”

Bien, lo primero que tenemos que hacer es diferenciar entre dos tipos de burbujas, aquellas que son auspiciadas y incentivadas por diferentes mecanismos estatales (regulación, bancos centrales, etc) y aquellas otras que pueden darse de forma espontánea en el mercado. El primer tipo de burbujas es relativamente fácil de reconocer, se buscan activos con precios desorbitados (inmuebles, renta variable, bonos…) y se analizan los incentivos y el desarrollo del mercado para ver si algún tipo de acción estatal puede influir en la valoración de ese activo o si hay una distorsión de precios. En este caso usar el término burbuja es del todo adecuado ya que denotaríamos que el nivel de producción de esa actividad es del todo insostenible y que solo se mantiene alto como consecuencia de una política monetaria determinada, por poner un ejemplo.

El segundo tipo de burbuja ya es más difícil de clasificar. Básicamente podríamos decir que en los mercados desarrollados, como las bolsas, a veces podemos apreciar repentinas subidas de precio más o menos mantenidas a niveles irracionales por un periodo corto de tiempo. Un buen instrumento para medir eso es el P/E ratio (Price per Earnings ratio) que mide la cantidad de veces que tenemos que recibir dividendos para recuperar nuestra inversión. si una compañia cotiza a 43 € la acción y en los últimos 12 meses ha repartido una vez dividendos por acción por un total de 1.95€ si P/E ratio sera de 22.05. Nos tendremos que esperar 22 repartos de beneficios para recuperar nuestra inversión. Si encontramos una acción con un P/E ratio de 60-80 podríamos decir que esa empresa esta sobre-valorada ya que lo normal es encontrar empresas bien valoradas con un  P/E ratio de alrededor de 20 y subvaloradas con un P/E ratio por debajo de 14.

Cuando una empresa se encuentra sobre-valorada durante un periodo de tiempo significativo (más de uno o dos meses) podríamos decir que se encuentra en una burbuja  y que en el largo plazo está en una situación insostenible. Lo bueno de este tipo de burbujas es que al ser algo que surge de forma natural en el mercado por x motivos en el largo plazo siempre acaban desapareciendo y además muchas veces lo hacen de una forma mucho más paulatina que cuando explota de golpe una burbuja auspiciada por el sector publico.

Por último aclarar que los crecimientos de sectores o actividades privadas no impulsadas por el sector público no son ni pueden ser llamadas burbujas. Y lo cierto es que la mayoría de veces que se usa el término burbuja de forma equivocada es para describir cualquier crecimiento rápido, tal y como ilustran los ejemplos de más arriba. Que los espacios de coworking o el número de gente que trabaja como communitty manager se hayan multiplicado exponencialmente no justifica el uso y abuso de la palabra burbuja. En un mercado más o menos flexible la oferta se ajusta a la demanda y si crece la oferta de forma natural ya se ajustará bajando precios o cerrando negocios. En lo referente a la afirmación sobre el turismo de Barcelona no creo que haga falta comentar demasiado, me parece increíble que alguien no se de cuenta de lo sólidos que son los fundamentales que mantienen la llegada de turistas a la ciudad condal. Ruego no incurramos en el error de ver burbujas hasta en los cereales.

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