La especulación explicada

Cuando hace unos meses publiqué el artículo, Que alguien me explique la especulación (el cual también pudo leerse en formato papel en La Gaceta) ya había pensado publicar el presente artículo donde, como indica el título me esfuerzo en mostrar cómo se da este fenómeno tan mal explicado que es la especulación. Antes de todo quiero citar a mis principales fuentes de las que he cogido varios argumentos. El primero de ellos es el artículo de José Luis Ricón: Si la especulación no existiése…, mi segunda fuente no es solo un artículo sino varios artículos que el doctor Juan Ramón Rallo tiene publicados en su blog sobre esta temática.

Al contrario de lo que podrá haber leído en múltiples ocasiones no son los operadores en bolsa o fondos de inversión los únicos que “especulan”, especular lo hacemos todos y a diario. Cuando usted decide en ir a comprar primero al supermercado, por qué cree que aquella hora habrá menos gente comprando, para posteriormente ir a la carnicería está especulando. La certeza absoluta no existe y por tanto siempre hay una incertidumbre sobre lo que pasará en el futuro, esa incertidumbre es lo que nos lleva a especular. Hay millones de ejemplos sobre especulación: el taxista que decide recorrer una zona de la ciudad y no otra por qué cree que podrá recoger más clientes y por tanto incrementar sus beneficios, o imagine que iba a comprar pan integral a su panadería habitual y que para su desgracia se ha acabado, usted podría elegir entre comprar pan blanco o ir a otra panadería cercana donde a lo mejor tendrán pan integral, lo que incrementaría su bienestar, estaría especulando para incrementar sus beneficios en un futuro cercano. Lo mismo hace el cultivador que decide cultivar cebollas en vez de tomates por qué cree que las primeras le proporcionaran un mayor beneficio. Todos estos ejemplos vistos hasta ahora parten de la lógica descrita por la magnifica definición de J.L. Ricón:

Especular es pensar que una situación futura será en cierta manera diferente a la actual y actuar sobre ese conocimiento para obtener un beneficio.

Aunque no difieran en objetivo es posible que el lector si crea que hay una diferencia notable entre la especulación que él pueda realizar y aquella que se realiza en forma de inversión en los mercados financieros de todo el mundo, pero de hecho no la hay. Toda especulación está enfocada a obtener unos mayores beneficios en el futuro, que quienes lo hacen en los mercados financieros tengan la capacidad de mejorar más su bienestar no cambia el concepto de especulación, lo que alguien podría poner en entredicho es la desigualdad de rentas, no el hecho de especular en sí. Visto el problema conceptual de los que tachan de mal la especulación vamos a ver qué tipo de especulación realizan los inversores en los mercados financieros.

Las mejoras tecnológicas han permitido que con los años el sector financiero se convierta en algo tan extenso que parece incomprensible a los ojos de muchos. Si usted tiene dinero ahorrado y decirle invertirlo puede invertir en diferentes tipos de activos, con una gran variedad de instrumentos y siguiendo estrategias muy diferentes. Como no es este el lugar indicado para explicarle el apasionante mundo de la inversión le recomiende que busque alguno de los muchos manuales que podrá encontrar sobre el tema. Lo que nos interesa es que en esencia hay dos formas de inversión: Los que compran un activo con la esperanza de que su precio suba (inversión en largo o long) y los que venden caro para recomprar barato (inversión en corto o short). Esta segunda operación es un poco más compleja y mucho más arriesgada ya que el inversor en sí tiene que pedir prestado un activo determinado, venderlo y comprarlo más adelante (más barato) para devolver el activo a quien se lo ha prestado y ganar con la diferencia entre precios.

Lo que hacen los especuladores en el mercado no es más que ajustar precios ya que al tratarse de millones de personas invirtiendo al mismo tiempo de forma contraria (largo versus corto) al final los precios se acaban ajustando mucho mejor y tienden a ser mucho menos volátiles (cambiantes). Eso es lo que explica el doctor Rallo en su artículo ¡Viva la especulación! en el que básicamente cuenta como la suma de todas las operaciones en el mercado hace los precios más estables y ayuda a igualar precios a nivel geográfico con lo que evita las disparidades entre zonas. Contra lo que se pueda pensar, al tratarse de miles de agentes involucrados en un mercado no hay grandes especuladores ni gestores de Hedge Funds (Fondos de gestión alternativa) que puedan hacer cambiar el precio de un activo determinado (acciones, bonos, deuda, monedas, etc…) por deseo propio y solo para ganar dinero. Nadie tiene la capacidad de influir de forma notable en el mercado (excepto los Bancos Centrales, pero eso lo veremos más adelante). En este gran artículo de Ángel Martin Oro podemos ver un gráfico donde se muestra quien posee el mayor número de acciones, cito textualmente sus conclusiones y el gráfico que usa:

Como vemos en el gráfico, los hedge funds apenas poseen el 3% del mercado total, aunque esta participación, al igual que la de los ETFs (con un 4%), es creciente. Quizá lo más interesante es que los particulares (hogares) poseen DIRECTAMENTE el 34% del mercado. Pero INDIRECTAMENTE, a través de fondos de pensiones, fondos de inversión, etc., esta cifra asciende a casi el 80%.

Los inversores que controlan más volumen (fondos de pensiones) no pueden arriesgarse a intentar influir en el precio de un activo, sería una operación demasiado arriesgada para alguien que debe rentabilizar las pensiones de sus clientes y no puede permitirse perder dinero. Por otro lado los Fondos de gestión alternativa (Hedge Funds) tan solo controlan el 3% del mercado con lo que se les hace imposible influir en él, por muy arriesgadas e malintencionadas que sean sus inversiones. En otro tipo de mercados financieros como el de materias primas, en el que se negocian el precio de los alimentos a nivel mundial, se acusa a los inversores/especuladores de jugar con algo tan básico como la producción de alimentos a nivel mundial. Aquí vuelve a hacer un trabajo excelente José Luis Ricón con el artículo citado más arriba. Nos cuenta como los especuladores regularizan los precios y suavizan las tendencias. Ayudan a que el precio sea el mismo en época de siembra (escasez) que en época de cosecha (abundancia). Un instrumento muy usado en este tipo de mercados es el contrato de futuros en que una de las partes se compromete a vender cierta cantidad de un activo o mercancía (trigo por ejemplo) a un precio determinado. Esto hace que desaparezca la incerteza del granjero sobre a qué precio podrá vender la cosecha y traslada el riesgo al especulador que cree que podrá vender esa mercancía más cara y sacar un beneficio por la operación. Este tipo de contratos, los cuales se operan y ejecutan día a día ayudan a normalizar la demanda, aseguran un ingreso al granjero y generar beneficios al especulador siempre que este no se equivoque.

Ahora que hemos comprobado que la especulación en los mercados financieros no es algo perjudicial, comprobemos como los fenómenos especulativos pueden volverse en contra nuestra y acabar estallando. Existe la creencia que ha sido la especulación la culpable de que las viviendas subieran tanto de precio y se volvieran inaccesibles. En primer lugar aclarar que los bancos no han especulado con la vivienda ni han tenido la intención de acumularla en sus balances. El negocio bancario es prestar dinero y recuperarlo con intereses, no quedarse con el activo que servía como colateral y tener que revenderlo más barato. Así pues la acumulación de stock de vivienda ha sido una consecuencia involuntaria de la mala inversión realizada por la banca que muy gustosamente cambiaria sus viviendas por el pago de las hipotecas a las que estaban ligadas. ¿Qué es lo que ha hecho que se realizaran todas esas acciones especulativas, por encima de lo razonable, invirtiendo en inmuebles cada vez más caros sin que nadie se pudiera dar cuenta de la majadería que suponía? Pues nuestro sistema monetario y financiero el cual me he cansado de denunciar y que encontraréis descrito en esta série de 6 artículos, que aunque necesitan una seria actualización, son perfectamente válidos para describir lo comentado. El aumento del precio de los pisos, las materias primas y otros activos también es consecuencia del sistema monetario en que vivimos, tal y como cuento en este artículo: ¿Suben las materias primas o baja el valor de nuestro dinero?

Para finalizar el artículo voy a hacer una pequeña síntesis sobre los procesos especulativos. Para empezar la especulación no deriva de forma espontánea hacia una situación de enajenación y mala inversión generalizada porqué sí. De hecho algunas explicaciones sobre los procesos de especulación y crisis son incapaces de explicar cuando empiezan los procesos especulativos porqué son incapaces de detectarlos en todos los escenarios. La especulación en los mercados financieros es permanente y como hemos visto no es nada malo: ayuda a hacer desaparecer incertidumbres, financiar aquellos que lo necesiten y regularizar los precios de forma espontanea. Un proceso especulativo es incapaz de derivar por si solo hacia situaciones de crisis. Son  los factores ajenos a este los que los potencian y falsean el cálculo económico, llevando los inversores a conclusiones sobredimensionadas y a malas inversiones. El fallo masivo de los procesos especulativos es producido por los incentivos perversos que la mayor parte de las veces son introducidas por la regulación estatal, tal como salvar los bancos de inversión y no dejarlos quebrar (haciendo que no se hagan efectivas las consecuencias de su comportamiento insensato), las garantías a préstamos hipotecarios por parte del estado, o la bajada de los tipos de interés de forma artificial por parte del banco central. La especulación no es mala, es socialmente necesaria y solo se tuerce cuando la posibilidad de pérdida desaparece a causa de la intervención estatal.

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