Secesión y libertad: un acercamiento al proceso de autodeterminación catalán.

La independencia de Cataluña o la consulta sobre esta es un hecho que muy posiblemente sucederá, así que plantearlo desde un punto de vista liberal libertario y sobretodo pragmático es del todo necesario. Para alguien, como es mi caso, que ha hablado siempre y de una forma abierta de independencia, llegar a este momento le puede hacer especial ilusión. Con los años he pasado de un nacionalismo amigable y desenfadado a considerare un firme defensor de la libertad individual y esto me ha llevado a plantear la cuestión independentista desde un punto de vista poco usual.

La primera cuestión es clara: ¿Tienen la gente que vive en Cataluña el derecho a la autodeterminación? Desde un punto de vista liberal creo que es inconcebible no defender el derecho a elegir a que unidad política se quiere pertenecer. En mi opinión los argumentos que niegan este derecho apoyándose en la constitución, están intentando legitimar por un lado algo que los liberales denunciamos, la imposición de un contrato social nunca firmado. Una de las formulaciones más claras del derecho de autodeterminación la hizo Ludwig von Mises en dos de sus tratados: Nación, estado y economía y Gobierno omnipotente, en ellos Mises es claro y expresa lo siguiente: “Ninguna persona o grupo de personas deben ser retenidos contra su voluntad en una asociación política en la cual no quieren participar”[1]. Entre los liberales catalanes no hay consenso sobre lo que se votaría en una hipotética consulta, hay opiniones para todo, sobre lo que si hay un claro acuerdo es que el referéndum debe celebrarse. Si estamos de acuerdo en esto, tenemos que buscar cual es la mejor forma de hacerlo. Si no lo está, quizá deba preguntarse que tipo de argumento estadista usa para imponer su visión de estado.

¿Como debe realizarse el referéndum? Algunos de los argumentos en contra de la contra de la consulta denuncian que el hecho de que vote solo Cataluña es algo demasiado subjetivo y que no debe considerarse un sujeto de ley. No entraré a valorar la posible manipulación por parte de los políticos de la mentalidad catalana o si se ha intentado crear una consciencia colectiva falsa a partir de promulgar mitos. Todos los estados lo hacen y nuestras comunidades autónomas, que en gran parte son como estados, han caído en el error de difundir y proteger una idea nacional determinada, sea esta España o Cataluña. Pero como he dicho más arriba seamos prácticos, Cataluña es una realidad con una serie de instituciones y leyes propias desde hace cientos de años, poco me importa afirmar si es o no una nación porqué los conceptos nacionales son subjetivos, lo que me importa es que hay un grupo mayoritario de gente que dentro de un territorio quiere decidir a qué unidad política quieren pertenecer, sus motivos me parecen secundarios.

Al ser este un  proceso democrático se han de tener en cuenta una serie de aspectos y tomar una serie de decisiones  que no dejarán de ser arbitrarias, pero aún así debemos afrontar. En mi opinión las preguntas clave son quién debería poder votar y como se decidirá el resultado de la votación.

Creo que deberían tener derecho a votación toda persona mayor de dieciséis años que haya residido en Cataluña por un periodo de tiempo mínimo determinado (entre dos y cinco años de residencia debería ser el requisito mínimo). Hago especial hincapié en el hecho de residencia porqué lo considero mucho menos arbitrario que el de nacionalidad. No me parecería correcto que una persona que reside desde hace 8 años en Terrassa no pudiera decidir en caso de no tener la nacionalidad. La decisión sobre el criterio temporal de residencia es del todo arbitraria así que dejo que cada uno lo juzgue según considere adecuado y espero que en un caso hipotético no se dejara a ciertos colectivos fuera de la votación por una mala decisión política.

Otra cuestión que no ha de dejarse apartada es que porcentaje afirmativo confirmaría la independencia de Cataluña. En la mayoría de sus formas el juego democrático es cruel con las minorías, las deja apartadas, sin voz y a la merced y sometimiento de una mayoría a veces muy poca respetuosa. Separase de España con un 51% a favor y un 49% en contra creo que no sería una gran decisión. Querer construir una sociedad libre con una independencia que me atrevería a calificar de forzosa no me parecería lo más adecuado, el porcentaje que diese el sí a la independencia no debería ser menor a un 60-65% a favor.

Si como he dicho antes el juego democrático es esencialmente injusto porqué somete a las minorías, creo que algo más injusto aún es una minoría bloqueando una decisión mayoritaria. Para evitar que los grandes focos de población bloquearan los votos de los pequeños pueblos y viceversa creo que lo que se aproximaría más a una decisión individual seria que se tomara cada localidad como punto de referencia. Además de tener un total de votos a favor de un 60-65% también deberíamos tener una mayoría de localidades a favor de la independencia. Si el referéndum saliera negativo, no a la independencia, todo seguiría igual ya sea para bien o para mal. Si el referéndum saliese afirmativo, se debería dar la oportunidad a cada población, donde se hubiese votado en contra, a decidir si quieren unirse al estado de nueva creación o prefieren mantenerse en España, preferiblemente con otro referéndum, así los ciudadanos serian conscientes de la situación y podrían decidir en función del resultado anterior.

Por último toca abordar el tema de la participación. Los porcentajes de participación en las votaciones suele ser de alrededor del 50% en las mejores ocasiones, así que una participación aceptable para dar el visto bueno al resultado de la consulta seria ese.

Creo que una vez abordados los problemas más filosóficos y técnicos sobre el referéndum es necesario realizar el siguiente planteamiento: ¿Será una Cataluña independiente más o menos propensa a libertad y al gobierno limitado? Afirmar algo sobre esto sería basarse en conjeturas no fundamentadas pero lo que podemos asegurar es que la competencia entre países normalmente se traduce en bajadas de impuestos y mayor protección de las libertades civiles. El ejemplo lo tenemos en el impuesto de sucesiones, el cual se transfirió en su totalidad a las comunidades autónomas y que tarde o temprano todas han acabado eliminando.

Es posible que en el corto plazo no se implante un gobierno liberal en Cataluña, pero es bastante más fácil convencer a siete millones y medio de personas de que la libertad es beneficiosa para ellos que convencer a cuarenta y siete.


[1] Mises, Ludwig von: Nación, estado y economía p. 34 

artículo publicado en liberalspain.com y en papel en la revista La Pecera (Fac. de Ciencias Políticas y Sociología, Universidad de Granada)

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2 comentarios en “Secesión y libertad: un acercamiento al proceso de autodeterminación catalán.

  1. Entiendo que el derecho se secesión no tiene por qué detenerse a nivel regional. Si una provincia o una comarca natural desea igualmente independizarse de Cataluña, podrá hacerlo con absoluta normalidad.

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