Empatía y Supercomunicación

La evolución de las distintas tecnologías de la información (TIC) ha modificado de sobremanera nuestro entorno llevándonos al estadio actual al que podríamos llamar supercomunicación. Cuando empecé a pensar en cómo estaba afectando esto a nuestra sociedad la primera idea que me llegó a la mente fué la piedad, siendo esta la actuación más literaria de la autoestima. “Las redes sociales, y en general las TIC, han desterrado la piedad (léase empatía) de nuestras vidas”, pensé al ver cómo se mofaban en facebook de una chica que en un video afirmaba repetidamente, y de forma muy contundente que podía correr cien metros en menos de 7,5 segundos, siendo el récord mundial cercano a los 9 segundos.

Cuando alguien comete un error, y su inconsciencia permite que otro obtenga una prueba audiovisual de ello, la viralidad puede hacer que el mundo entero se le lance al cuello y le sea difícil olvidar dicho error. Es relativamente fácil ensañarse con desconocidos y mostrar poca o ninguna empatía con ellos, especialmente cuando tampoco les causamos un daño directo o que se perciba como tal. Así pues, ¿hemos sido desnaturalizados por las tecnologías de la información? Las TIC han tenido un impacto gigantesco en nuestras vidas  y, por lo general, las han mejorado enormemente. ¿Por qué? Permítanme realizar un pequeño análisis.

Los humanos somos animales gregarios y nos organizamos en sociedad. Nuestra mejora (en varios aspectos) a nivel individual puede ser enorme, aprendemos habilidades, nos especializamos e incrementamos nuestro nivel de conocimiento mejorando, de forma limitada, nuestra productividad. A nivel de sociedad, la capacidad productiva depende de la coordinación con demás personas y elementos productivos. Es precisamente a nivel social donde no conocemos límites a las posibilidades de mejora. Las TIC han incrementado exponencialmente nuestra capacidad de coordinación, proporcionando una palanca de crecimiento económico y social del que no somos conscientes.

La falta de empatía no es algo fácil de cuantificar, por lo menos para alguien sin conocimientos psicológicos o psiquiátricos como yo, pero la facilidad con la que transitan y se hacen virales los errores de famosos o desconocidos nos podría hacer pensar que hemos perdido una parte de ella. Esto se deba, probablemente, a la velocidad a la que viaja la información y no a un cambio social determinado, de hecho, parece haber una correlación entre la mejora del acceso a la información y la velocidad a la que ocurren ciertos cambios a nivel social.

En un artículo publicado en bloomberg y titulado ‘This is how fast America changes its mind’, Alex Tribou y Keith Collins nos mostraban cómo con los años los cambios sociales en Estados Unidos se han producido de forma cada vez más rápida, tal y como puede apreciarse en el siguiente gráfico (Año en el que un estado legaliza o prohíbe una cuestión social concreta, eje horizontal vs. Número de años que se tarda para que el gobierno federal extienda la medida a todo el país, eje vertical).

speed of changeFuente: Elaboración propia, Tribou y Collins.

Parece razonable creer que el intercambio de ideas es el driver principal del cambio de mentalidad, y a su vez, la velocidad y mejora de redes de comunicación es lo que condiciona dicho intercambio de ideas. Los cambios se producen de forma más acelerada básicamente porque podemos comunicarnos mejor. Aceptado esto, podemos volver a la idea principal que nos ocupa, ¿la supercomunicación ha reducido nuestra empatía? Trasladando nuestro caso base a otros entornos podemos ver cómo probablemente esto no sea así.

Imaginemos comunidades humanas reducidas y sin otra vía de comunicación que la oral, de 30 personas (clase escolar) hasta menos de 10.000 (pequeño centro urbano). En estas comunidades la información puede viajar también a velocidades relativamente altas ya que en estos casos, el mayor condicionante es la dispersión de la población, la cual en ambos caso suele ser baja (así lo supondremos). Cuando alguien comete un error o un acto considerado embarazoso en estas comunidades en unos segundos en la clase escolar y en unas decenas de horas en el pequeño centro urbano la información es conocida por todos, o casi todos, los individuos de la comunidad, siendo las burlas generalizadas la consecuencia habitual de ello.

Nuestra capacidad de comunicarnos no parece alterar nuestro comportamiento, simplemente multiplica el número y la velocidad de los inputs que recibimos, convirtiendo una anécdota que antes hubiera pasado desapercibida en una información viral de la que se hacen eco los magníficos medios digitales. Así pues, la información ha visto aumentado su impacto en la sociedad y nos ha obligado a mejorar nuestra capacidad de reacción pero no ha modificado significativamente la forma en la que actuamos.

 

Ideas derivadas

Existen otros aspectos relevantes para entender el impacto de la supercomunicación y las redes sociales en sociedad. El primero es la magnificación de ciertos hechos y tendencias que no tienen un impacto fuera de una determinada red social. La creación de comunidades digitales en las que los individuos tienen ideas afines tiende a generar una sobreestimación del impacto que dicho grupo y las informaciones y/o notícias destacadas por ellos puede tener en el conjunto de la sociedad, llevándolos a una conceptualización errónea del mundo. Es como repetir el patrón de comportamiento de sociedades aisladas en una época donde no existe el aislamiento, curioso y peligroso a la vez.

Technology-AdoptionFuente: Blackrock

Otro aspecto a destacar es el abuso de nuestra capacidad de supercomunicación, especialmente para uso social (recreativo) o profesional. El teléfono móvil se creó en 1972, y se empezó a popularizar a principios de los años noventa (hace unos 20 años), algo parecido sucedió con internet aunque su adopción fue un poco más tardana (hace 15 años), y finalmente los smartphones (con conexión a banda ancha) con los que apenas llevamos 8 años, a pesar de que la primera adopción en masa de esta tecnología se dió en Japón en 1999. Siendo relativamente bajo el tiempo con el que llevamos interactuando con este tipo de tecnologías aún estamos desarrollado las normas e instituciones sociales que nos permitan un uso óptimo de ellas y nos eviten malentendidos, cómo no utilizar el móvil mientras comemos con la familia o tomamos un café con un amigo, así como normas sobre cuándo, y de qué manera, es adecuado y educado contestar, o no, a un mensaje recibido por whatsapp.

El último factor, sobre el que tengo mayores dudas, es el impacto de la supercomunicación, sobre la preferencia temporal en la toma de decisiones. Es decir, si el aumento de los inputs y la velocidad al que nos recibimos hace no sólo que reaccionemos más rápido sino que lo hagamos con un horizonte temporal menor, a más corto plazo. En el sector financiero, por ejemplo, las compañías cotizadas en las distintas bolsas tienen la obligación de reportar su información financiera cada cierto tiempo, en Estados Unidos se hace trimestralmente mientras que en Europa se publica semestralmente. Nassim Nicholas Taleb argumentaba en alguno de sus libros que los inversores sobreactuan ante las publicaciones trimestrales de resultados financieros siendo tres meses un periodo de tiempo demasiado corto como para que la información contenida en ellos sea relevante y pueda modificar sustancialmente una tesis de inversión basada en aspectos fundamentales, algo parecido sucede con otro tipo de informaciones y en otros sectores distintos al financiero. Esta es una idea compleja que no tengo capacidad de desarrollar aquí pero que quería mencionar para  poder recibir feedback sobre ella.

 

Nota: Este artículo esta realizado a modo de reflexión personal y sobre un tema fuera del que es mi círculo de competencia, cualquier comentario será bienvenido, especialmente si es para mejorar el carácter científico del texto, del que probablemente esté falto.

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7 comentarios en “Empatía y Supercomunicación

  1. Hola, Gabriel,
    yo creo que las tecnologías lo que hacen es cambiar la forma en que expresamos intereses e instintos que ya están ahí. Un poco lo que dices aquí:

    “Nuestra capacidad de comunicarnos no parece alterar nuestro comportamiento, simplemente multiplica el número y la velocidad de los inputs que recibimos, convirtiendo una anécdota que antes hubiera pasado desapercibida en una información viral de la que se hacen eco los magníficos medios digitales. Así pues, la información ha visto aumentado su impacto en la sociedad y nos ha obligado a mejorar nuestra capacidad de reacción pero no ha modificado significativamente la forma en la que actuamos.”

    Si tú haces un programa de cotilleo en TV va a tener sexo, si te dedicas a retransmitir partidas de ajedrez pues no vas a tener mucha audiencia. En Internet estamos repitiendo lo que antes hacíamos en el patio de vecinas o en la plaza del pueblo pero a gran escala y a mayor velocidad, como dices.

    No creo que disminuya la empatía, se ven casos de preocupación e interés por desgracias ajenas y se transmiten las ganas de ayudar más rápido.

    Pero lo que han multiplicado las redes sociales son los procesos de moralización y de castigo moral de conductas que no aprobamos, para mí es lo más llamativo, y puede ser que lo que tú percibes como disminución de empatía sea ese aumento de castigos morales. Castigar a otro moralmente es una forma de publicitar lo bueno que tú eres y ese fenómeno ha explotado en las redes sociales.

    Un abrazo

    1. Hola Pablo,

      Gracias por el comentario, que confirmes mi tesis me hace pensar que mi intuición en este tema era correcta. Por otro lado me interesa, cuando hablas de “casos de preocupación e interés por desgracias agenas”. Creo que es algo más complejo porqué mofarse de un tercero es casi siempre un acto sincero y en cambio preocupar-se por él es un acto que a veces responde a presión social y que mostrada dicha preocupación no hay actuaciones existentes. La facilidad de ‘preocuparnos públicamente’ que nos ha traído la supercomunicación ¿no puede haver incrementado la hipocresia en este Campo? (Entendiendo hipocresia cómo la siguiente ratio: n° de casos por los que me preocupo públicamente/n° acciones reales a posteriori).

      Gracias

  2. Sí, también, pero la hipocresía ocurre por los dos lados, el de las acciones positivas y el de las negativas. Tampoco te extrañe que gente que está criticando cosas ante los demás las haga luego a escondidas en su vida privada.
    En el fondo siempre buscamos presentarnos ante los demás de la manera más positiva posible, siempre estamos autopromocionándonos…

    Por cierto, donde dice en el comentario previo que si haces un programa de cotilleo vas a tener sexo quería decir éxito. Me ha traicionado el inconsciente 🙂

    1. Probablemente tienes razón, en el caso de mofarse de un tercero, veo más difícil identificar la hipocresia, a no ser que nos mofemos públicamente de errores que uno mismo haya podido cometer, entonces lo veo más claro.

      Gracias por las aportaciones

  3. Ep.

    Sobre las comunidades humanas reducidas con una única forma de comunicación. En un pueblo grande o ciudad pequeña, la misma información no llegará a todos. Puede ser que haya gente que nunca se entere (los que ‘sólo duermen’ en casa, etc). Las redes sociales, las de personas (las de verdad!!), de un pueblo pueden ser estancas entre si.

    Por eso, los hechos que comentas pueden viajar de forma muy lenta (de una persona a otra), o ‘explotar’ (llega al mercado/bar), pero hay ‘bolsas’ que quedarán aisladas. También hay quien decida ‘cortar’ y no pasar la información. De hecho, cuesta trabajo: tienes que coincidir con alguien, acordarte del hecho y, dependiendo de tu relación con ese ‘alguien’, decides si contárselo o no. Luego también está lo que pasa cuando juegas “al teléfono” 😉

    Con internet, pulsas dos veces la pantalla o el ratón y ya. Y es exactamente la misma información. Por eso la banalidad avanza mucho más rápido que la empatía. Puede ser que pensemos más en el “que diran” cuando se trata de empatizar, que cuando nos dedicamos al escarnio. La mofa y el escarnio público es una cosa que se hace “en manada”. La empatía es personal. Cuando estamos en manada, pensamos menos y diferente.

    Has leído Present Shock de D. Rushkoff? Creo que te puede interesar 🙂

    1. Hola Arnau.

      Gracias por el comentario. Efectivamente la información es imperfecta, es su mayor cualidad, y claro que existen bolsas de desinformación en pequeñas comunidades, algo que aumentará en importáncia segun la escala a la que nos movamos. Hablo de decenas de horas, aunque pueda que haya minusvalorado la escala y tendría que hablar de días. És muy interesante la idea de la ‘homogeneidad de la información en supercomunicación”, no diria que es la misma pero si mucho más homogenia que en otros niveles comunicativos.

      Respecto a la recomendación del libro queda apuntadisima!

      Gràcies

  4. Me pasan este comentario por otra vía:

    Gabriel, felicidades por el artículo y celebro que vuelvas a escribir.
    Debe ser por deformación profesional, pero lo que encuentro más interesante es el final del artículo, al centrarse en el mundo de las finanzas, y no porque gire a su alrededor, si no porque dejas entrever un fenómeno que me parece muy interesante que es el de la “sobreinformación”. Vivimos en un mundo saturado de información, y pienso que cada vez más, un hecho relevante va a ser el saber diferenciar, separar el grano de la paja. Ahora todo el mundo puede escribir, puede juzgar, dar su opinión gracias a las TIC, y aunque en algunos aspectos esto nos democratiza y es positivo, todas las opiniones y juicios no son igual de válidos.

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